El llamado a la aventura .°✧

Y un día dije: “Me tienen todos harta,

yo voy a escribir.”


Otros recuentos de ese día reemplazan “me tienen todos” por “me tengo”; el sentimiento es el mismo.

El problema de los escritores es que no se sabe si no escriben porque sufren, o si sufren porque no escriben. Es grave, porque ni los doctores ni los buenos amigos reconocen a un escritor como tal si no escribe. Menos aun pueden ayudarlo, porque no son escritores: no poseen su autoestima; no conocen su fragilidad, su dependencia a los ojos que lo leen, los ecos de perfección que lo acosan por la noche.

En este círculo vicioso se nos va la vida. Y rechazamos el llamado; nos volvemos sordos. Y la historia nunca empieza. Y el tiempo es agravante: cuando el escritor se sienta sobre su cuaderno, el peso de los días perdidos cae sobre él.

Viví así por años. Lenta, insegura, estoy buscando mi propio remedio. En este espacio pruebo la última fórmula: con una mano, teclear mis palabras; con la otra, mostrarle el dedo al mundo, y, cuando haga falta, a mí misma y a los días que se ciernen sobre mi cabeza. Y escribir, y escribir, y no dejar de escribir, porque empiezo a entender que mi cordura pende del hilo de las palabras.

No es infalible, este remedio mío. Habrán semanas, meses, quizás, de silencio, de locura. Pero de otra manera, hasta donde yo sé, no se puede.


Pick your poison

Just one?

En este blog vas a encontrar relatos, reseñas, artículos de opinión, y algunos pedacitos de corazón, así como un acento argentino algo experimental, algo incómodo. Son mi remedio, mi veneno y mi travesía. Disfrutalos.

No tengo agenda de actualización; puedo ser muy inconstante. Apenas salgan del horno, postearé mis producciones.

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